LA DIOSA BLANCA. Luis Royo & Romulo Royo
DEL 19 DE SEPTEIMBRE AL 6 DE NOVIEMBRE 2025
GRAN INAUGURACIÓN EL VIERNES 3 DE OCTUBRE A LAS 19.00h
Laberinto Gris presenta nuestra nueva exposición a través de las imágenes de Luis Royo y Romulo Royo nos conducen a un recorrido donde lo espiritual y lo terrenal se entrelazan, donde cada gesto y cada trazo se convierten en un acto de devoción hacia una feminidad entendida como fuerza vital que sostiene el cosmos.
"La Diosa Blanca" es un viaje simbólico al corazón de lo femenino. Inspirada por el mítico ensayo de Robert Graves, esta exposición reúne obras de Luis Royo y Romulo Royo que exploran la figura de la mujer como deidad primigenia, como núcleo generador del universo y fuerza ancestral que conecta lo místico, lo sensual y lo eterno. A través de retratos devocionales, guerreras arquetípicas y presencias etéreas, los artistas reactivan un imaginario donde la mujer no es solo musa, sino también oráculo, protectora y desafío.
Como en un ritual pagano perdido, cada obra deviene invocación, cada figura encarna una aparición sagrada que exige ser contemplada con respeto y asombro. En este recorrido, la belleza femenina se transforma en símbolo absoluto, y lo visual adquiere un aura casi litúrgica.

Arquetipos de poder. La mujer como guerrera y guía
"La Diosa Blanca no era solo musa del canto: era también la que otorgaba la victoria en la batalla, la que dictaba el destino de los héroes. En su doble aspecto de destructora y protectora, gobernaba tanto el misterio de la inspiración como la violencia sagrada del combate."
Robert Graves
Desde tiempos remotos, la mujer fue representada como guardiana de misterios, guerrera de lo invisible, portadora de saberes secretos. En esta serie, la iconografía de lo bélico se funde con lo sagrado: armaduras que parecen piel, miradas desafiantes, rostros que evocan tanto a Atenea como a la diosa Kali, así como a otras deidades primitivas o de la Antigüedad. Luis y Rómulo Royo reconfiguran el cuerpo femenino como territorio de resistencia, como fuerza activa, como revelación.
Estas obras encarnan una visión de la mujer que no teme al combate, que lo abraza desde su naturaleza esencial, entre la furia mística y la belleza invulnerable.

Mujeres etéreas: lo sagrado desde lo intangible
"La función de la poesía es la invocación religiosa de la Musa; su utilidad es la mezcla de exaltación y de horror que su presencia suscita."
Robert Graves
No toda divinidad es visible. En ocasiones, parecen surgir del sueño o del trance. Rostros velados, cuerpos suspendidos, gestos contenidos: lo etéreo y lo intangible dominan la escena. Son imágenes que apelan al inconsciente colectivo, como si invocaran diosas de culturas olvidadas o espíritus guardianes de una mitología sin nombre.
Aquí, la mujer se muestra como umbral entre mundos, como visión fugaz que nos confronta con lo inalcanzable.
Devoción y belleza: la imagen como altar
"La verde savia de la primavera que en el árbol joven se agita celebrará a la Madre de la Montaña, y todos los pájaros canoros la aclamarán un día, pero yo estoy dotado, inclusive en noviembre, la más desapacible de las estaciones, con una sensación tan grande de su claramente raída magnificencia que olvido la crueldad y la traición pasadas, indiferente a dónde puede caer el próximo rayo."
Robert Graves
La obra de Luis Royo y Romulo Royo ha mantenido siempre una relación intensa con el acto de mirar. En “La Diosa Blanca”, esta mirada se convierte en veneración: el espectador no observa, adora. Cada retrato se convierte en altar, cada detalle en ofrenda. La belleza femenina no es mero recurso estético, sino manifestación de lo absoluto.
Como en los antiguos templos, estas imágenes no solo representan: contienen. Son presencia.

Un mito que renace
"La prueba decisiva de la inspiración de un poeta, podría decirse, es el esmero con el que pinta la Diosa Blanca y la isla sobre la que reina."
Robert Graves
“La Diosa Blanca” no es solo una exposición: es una evocación de ese tiempo en que lo femenino era el centro del relato humano. Antes de los dioses patriarcales, antes del logos, hubo una era en que la tierra, la luna y el cuerpo eran lo mismo. En estas obras, esa era resurge como posibilidad, como profecía estética.
Frente al olvido de lo sagrado, esta exposición es un canto visual al retorno de la diosa.