- Vendido
METAL-PIEL II
Referencia: 584-P
Autor Romulo Royo
55.0 x 46.0 cm / 21.65 x 18.11 inch
PINTURA
Tinta, acrílico y óleo sobre lienzo/canvas.
Formato de 55 x 46 cm (21.65 x 18.11 in).
Año de realización 2010.
Firmado.
Esta obra pertenece a la serie Metal-Piel, el metal frío adorna estos rostros angelicales, en este caso sus ojos están tachados atrevidamente, sumando y otorgando misterio al personaje. El critico Fernando Castro del comité asesor del museo de arte contemporáneo Reina Sofia, escribió esto sobre el trabajo de Romulo Royo:
Ceguera lúcida
Tengo la impresión de que Romulo Royo ha sabido dirigir la mirada hacia dentro o que incluso ha materializado la ceguera. Así algunos de los ojos de sus rostros están tachados, negándose la relación con el afuera. ¿Qué sería de la verdad, pregunta Bataille, si no viéramos aquello que excede la posibilidad de ver? La ceguera es la historia de un abandono. Lo más bello pasa a fundirse en los pantanos del recuerdo. Aunque no es, únicamente, la culpa y el dolor lo que aflora en esa imposibilidad para ver, porque la ceguera puede ser un don . La fatalidad del espejo termina por transformar a la impotencia de los ojos en la condición de la videncia . Acaso sea la ceguera, como pretendiera Paul de Man, una forma de la lucidez y la oscuridad pueda propiciar una fértil mirada interior. La pintura o el arte en general está siempre en el umbral, es lo que apenas puede tocarse o, mejor, aquello que marca distancias entregándose a la pura visión . Puede que tengamos que cerrar los ojos para ver. Eso podría suponer que lo que necesitamos es el tacto de lo real ya sea para comprobar que ahí enfrente está una pared o para ver, de otra manera, ese vacío que nos mira . Debemos advertir, con Lacan, que en un cuadro siempre podemos notar una ausencia: la de campo central donde el poder separativo del ojo se ejerce al máximo en la visión. En todo, sólo puede estar ausente y reemplazado por un agujero, que, en alguna medida, es el reflejo de la pupila. Por consiguiente, y en la medida en que establece una relación con el deseo, en el cuadro siempre está marcado el lugar de una pantalla central, por lo cual, ante él, el espectador está elidido como sujeto del plano geometral. Cuando Lacan señala que “lo que se contempla es lo que no se puede ver” alude a la búsqueda del objeto perdido, al circuito óptico y a las pulsiones que están condicionadas por el espejo a través del cual el deseo de ver nos hace presentes las cosas.
Fernando Castro Flórez